Para María Elena Márquez es satisfactorio elaborar piñatas navideñas, ya que con esta actividad contribuye a conservar las tradiciones mexicanas y, a la vez, le permite relajarse y dar muestra de la creatividad que posee para confeccionar estas piezas.
Originaria de Zacatecas, Zacatecas, la señora Márquez llegó a San Luis Río Colorado hace 25 años y aunque su intención era residir aquí temporalmente, logró asentarse y a la fecha continúa viviendo en esta frontera que le ha dado la oportunidad de emprender varios negocios propios.
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Platicó que, por necesidad, aprendió a confeccionar piñatas navideñas de 7 picos, las cuales vende afuera de su domicilio ubicado en la avenida Jalisco y calle 42, en donde también ofrece en venta elotes frescos y ropa de segunda mano.
La emprendedora dijo que aprendió sola a hacer las piñatas. “A mí nadie me enseñó. Yo quería sacar un dinero extra para mi casa y un día me puse a hacer piñatas y me gustó mucho. Me di cuenta que me salían bien. Puedo decir que me fascina hacerlas. Me relaja”.
Las piñatas que elabora son de diferentes tamaños y utiliza diversos materiales como papel periódico, cartulina, papel de china, alambre, engrudo, papel crepé y otros más que dan como resultado coloridas piezas.
Comentó que los materiales que usa para las piñatas son fáciles de adquirir. Aunque reconoció que, en ocasiones, se le dificulta conseguir papel periódico porque actualmente son pocas las personas que compran el ejemplar impreso.
“Tengo conocidos que me traen periódicos del otro lado (Estados Unidos), de los que regalan o folletos en los que ponen ofertas, también me dan revistas y eso me ayuda mucho”, externó.
María Elena Márquez destacó que el tiempo que invierte en fabricar artesanalmente una piñata es de alrededor de dos días ya que debe esperar a que el engrudo seque bien para luego continuar con el proceso.
Mencionó que desde junio comienza a hacer estas piezas para tener en existencia los primeros días de diciembre que es cuando los sanluisinos empiezan a buscarlas. “tengo clientes de años. Vienen y me compran piñatas. Algunos me las mandan a hacer con anticipación”.
La mujer señaló que dedica las tardes y parte de las noches a crear las piñatas porque durante el día atiende un puesto de venta de elotes frescos y vende ropa usada para obtener recursos económicos para cubrir los gastos de su hogar.
“Cuando hago las piñatas no las planeo. Le voy poniendo los colores que en ese momento se me ocurren y la verdad me quedan muy bonitas, bien coloridas. A mis clientes les gustan”, puntualizó.
ORÍGEN DE LAS PIÑATAS
De acuerdo al portal de internet del Gobierno de México, uno de los elementos más típicos de las celebraciones en este país son las piñatas, símbolo reconocido internacionalmente de la cultura mexicana. Sería difícil imaginar las posadas sin estas coloridas decoraciones originalmente hechas de barro, rellenas de frutas de temporada como tejocote, jícama, lima, caña de azúcar, mandarina, naranja, así como cacahuates y diversas variedades de dulces.
Esta tradición llegó a México en el año 1586 (siglo XVI), cuando los frailes agustinos de Acolman de Nezahualcóyotl, en el estado actual de México, cerca de la zona arqueológica de Teotihuacán, recibieron la autorización del Papa Sixto V para celebrar las “misas de aguinaldo”, que más tarde se convertirían en las posadas. Fue en esas misas que tuvieron lugar en los días previos a la Navidad que los frailes introdujeron la piñata.
La piñata original era una olla de barro, se le agregó papel de china de colores para hacerla más vistosa y representar los placeres superfluos.
Los siete picos simbolizan los pecados capitales y deben ser destruidos con los ojos vendados (haciendo alusión a que la fe es ciega), con la ayuda de un palo que demuestra la virtud terminando con las tentaciones.
Los caramelos y otras golosinas dentro de la piñata representan las riquezas del reino de los cielos, por lo tanto, la enseñanza que se acompaña con fe y una sola virtud, puede vencer el pecado y recibir todas las recompensas del cielo.