El 18 de febrero de 1930 marcó un hito en la historia de la astronomía cuando el científico estadounidense Clyde Tombaugh hizo un descubrimiento que revolucionó nuestra comprensión del Sistema Solar: Plutón, el misterioso y pequeño planeta helado en el borde exterior de nuestro sistema planetario.
Armado con un telescopio en el Observatorio Lowell en Flagstaff, Arizona, Tombaugh realizó una serie de observaciones minuciosas que revelaron la presencia de un cuerpo celeste más allá de la órbita de Neptuno.
Este descubrimiento, anunciado oficialmente el 13 de marzo de 1930, capturó la imaginación del mundo y agregó un nuevo miembro al catálogo planetario. De acuerdo con la Nasa, el ancho de Plutón equivale solamente a la mitad de los Estados Unidos.
Además, está a unos 3.600 millones de millas de distancia del Sol y tiene una atmósfera delgada compuesta principalmente de nitrógeno, metano y monóxido de carbono. En promedio, la temperatura de Plutón es de -232°C, lo que lo hace demasiado frío para sustentar la vida.
Planeta Enano
Durante décadas, Plutón fue considerado el noveno planeta del Sistema Solar, un punto de referencia en los libros de texto y la cultura popular. Sin embargo, en 2006, la Unión Astronómica Internacional (UAI) reclasificó a Plutón, junto con otros objetos similares en el cinturón de Kuiper.
Esta redefinición fue resultado de una revisión de lo que constituye un planeta, y Plutón no cumplió con los nuevos criterios establecidos por la UAI.
En particular, no ha "despejado" su órbita de otros cuerpos y no tiene la masa suficiente para ejercer una dominancia gravitacional en su entorno orbital. Como resultado, Plutón fue reclasificado como un "planeta enano".
Desde entonces, Plutón ha sido objeto de un intenso debate en la comunidad científica y el público en general, aunque su fascinación como objeto de estudio sigue siendo tan fuerte como siempre.